Entrevista a Fanny Rubio (por Pepa C. Belmonte) de VERDEMENTE

Fanny Rubio es escritora y doctora en filología románica. Entre libros y clases, intercala su labor en el Círculo de Bellas Artes. La sal del Chocolate, La casa del Halcón, A Madrid por capricho; y mientras desde hace diez años fue dando vida a El Dios dormido su última creación. Una carta de amor de Mª Magdalena al sanador de Galilea. Un mensaje para quien sepa recogerlo.

Verdemente.   ¿Como surgió escribir un libro sobre la figura de la Magdalena?
Fanny Rubio. El libro empezó en mi mente siendo el diálogo de una mujer endemoniada que quería sanar y la voz de un Dios que pretendía sanarla con palabras. Fue un diálogo amoroso de curación a través de palabras, en un contexto del siglo primero, en el mundo judío. Un dios que podía haber sido otro cualquiera. Pues en este siglo había muchos sanadores, muchos dioses que sanaban y expulsaban demonios de los cuerpos de los poseídos.
Y así fue como empezó, mi novela tras la expulsión de los demonios, en el Israel del siglo primero.
Hasta que me di cuenta de que esa endemoniada solo podía ser Mª Magdalena y esa voz solo podía ser la del sanador de Galilea.

¿Es muy importante el poder de la palabra?
Es una apuesta por las palabras. Nuestra cultura como decía Octavio Paz usa palabras, abusa de las palabras, pero reflexiona muy poco sobre ellas. Salvo la excepción de los místicos españoles. Y yo trato de volver sobre esa reflexión para mostrar que las palabras en nuestra cultura- así como en la literatura nuestras palabras sirven mas para adornar, para comunicar, para entretener más que para reflexionar- en nuestra vida cotidiana somos herederos de la palabras. Somos hijos de las palabras, seres encadenados de las palabras. A una palabra que nos dijeron en la infancia, a una mala palabra que nos dolió, a una hermosa palabra que nos hizo gozar. El reto. ¿Por qué no hacer de las palabras el centro gravitador en la novela?

¿Cuál es el valor o el poder de la palabra frente al de la imagen?
Es el primero de los conflictos que tiene la palabra. Que muy pocas veces las pensamos y que sirven de soporte a una imagen. Hoy en general la televisión actúa contra las palabras, se producen imágenes que apenas pasan por la mente, que no son pensadas, cómo van a ser explicadas. En los medios audiovisuales falta una pedagogía de la comunicación. Dice Sartori, que la televisión está formando generaciones de autistas, de gente que engorda en el sillón hasta que mueren viendo imágenes que no digieren bien. Y plantea como única solución apagar el televisor.
Yo no soy tan apocalíptica, pienso que la literatura está en pie justamente por eso.
La gente se está aficionado mucho más al libro.
La gente que entra en las librerías en su cara van buscando un libro que los salve. Esa imagen que yo veo en las grandes superficies de libros, de gente con cara de "yo mi salvarme libro". Esa imagen no la he visto nunca en un contemplador de televisión.

¿Es por eso el auge de los libros de auto-ayuda?
Si. Muchos libreros no dicen nunca que el libro más vendido es el de autoayuda, porque parece que se degrada el mensaje de la literatura. Solo ponen en la lista libros de creación.
Y no viene mal que se diga que la gente busca en esos libros, lo que la literatura no les está dando.
En los tiempos que estamos, a mí no me merece la pena estarme encerrada escribiendo un libro diez años para decir bobadas, si sólo voy a extraer una carcajada de un señor. No me compensa. A mí me compensa dar ese mensaje que se da cuando se tira una botella al agua. Esa frase fundamental para la vida de alguien. Para mi la novela es una botella al mar y yo se que hay muchos náufragos en ese mar que la van a saber leer. Llama la atención esa parte de la novela tan relacionada con la naturaleza y con el mundo oriental Si me ha gustado analizar y estudiar lo que significa la naturaleza para un oriental.
Un oriental nunca dirá que muerte es lo que nosotros llamamos muerte: Sacar a una persona de su casa llevarla lejos de la ciudad y tapiarla y olvidarla.
Un oriental ve la muerte como el comienzo de un renacimiento en esta vida, hasta que de pronto el árbol se seca. Pero si un oriental está contemplando la naturaleza se da cuenta de que los ciclos existen y que nada es final de nada, todo genera ciclo nuevo.
Eso es lo que quería integrar en mi libro. Porque Jesús y Magdalena eran gentes helenizadas, pero también con una fuerte cultura oriental y preislámica. Los judíos estuvieron en Egipto y traían las costumbres de las civilizaciones preislámicas con ellos. Por Magdala pasan las caravanas de la canela y las especias. Por eso las gentes de Magdala tienen fama de ser sensuales de hacer comidas especialmente aromatizadas.
Eso es lo que trataba de situar. Nosotros somos un país mediterráneo que tenemos algo que ver con Israel. Como el comienzo y el fin del Mediterráneo; Israel y España. Quería reflejar eso.

Has trabajado mucho las costumbres sobre cuidados de salud en esta época. ¿Crees que es una cultura perdida?
La relación con el cuerpo del judío de esta época es muy importante. El judío incluso le habla a su cuerpo, a sus enfermedades como seres vivos. Incluso los objetos que rodean al oriental tienen carácter, aunque sea simbólico. Tienen conciencia de la luz, que según ellos, entra por la oreja de derecha y sale por la izquierda, que conecta con el otro mundo. Reciben los rayos de luz con las manos extendidas para recoger la energía del sol y de la luna. Caminan descalzos para sentir la tierra. Abrazan al árbol mas sano para curarse de una enfermedad. Ellos son uno con la naturaleza.
Creo que hoy volvemos a encontrarnos con verdades y prácticas que nos sitúan muy cerca del hombre del siglo I. El año 2.000 y el siglo I van a parecerse. Creo que estos años que vienen van a ser los años de la razón mágica.

¿Qué opinas de lo que llaman la Nueva Era?
Me interesa la música, me produce una vitalidad nueva. Me gusta leer a los budistas, a los taoístas. Y creo que existe una propuesta de espiritualidad. Pero de una espiritualidad muy filosófica, muy racionalizada. Y la necesidad que tiene el ser humano de no renunciar a la espiritualidad pensando que tiene algo que ver con la religión. La espiritualidad no tiene que ver con la religión. El amor es un término espiritual. Creo que hay una búsqueda que nos conecta con el arte. Con el reconocimiento de que el dios no hay que buscarlo fuera, que está dentro. Ese podía ser el resumen del título de mi libro El dios dormido que hay que despertar con palabras.

¿Qué nos separa a las mujeres de hoy de la mujer que fue Magdalena?
Que ahora somos muchas. Que entonces ser mujer en el mundo judío y tomar la palabra y más el gesto era un riesgo que te podía costar la vida. Esa mujer es la que resiste al lado del hombre que ama mientras los demás han huido. Representa la dignidad humana dentro del primer grupo de cristianos. Ella actúa como mujer valiente, que afronta toda clase de riesgos por defender su amor.

¿Es más importante la forma que el fondo?
No lo sé, porque a mi me han salido las expresiones de la época sin saberlo, me ha salido las letanías, el mundo judío por todas partes, los dátiles, los olores a hinojo en las túnicas, la canela, los vapores de ajo para curar el resfriado. La receta para el resfriado de la cebolla con la manzana. Todas las recetas las he probado.

¿Qué es para ti escribir?
Sólo escribo el libro que se me impone. Creo que escribir es plasmar un estado de ánimo. Y yo escribo a favor de mi estado de ánimo. A Magdalena le expulsaron 7 demonios ¿Cuáles serían los 7 demonios de hoy? La infelicidad que produce odio, la infelicidad que produce soledad, la infelicidad.

¿Crees que hoy andamos con el dios dormido?
Sí, todos tenemos el dios dormido, pero a veces, aparecen posibilidades para despertarlo, y mi recomendación a la gente es que lo dejen despertar.

© Pepa C. Belmonte